Primer Capítulo




¡Holi! Aquí empezamos con la sección de los domingos. En la encuesta, puse cinco historias que estoy haciendo y me gustaría compartir con vosotros. Si queréis podéis dejar en los comentarios ideas o tips para ayudar a la sección o intentar adivinar qué pasará en el siguiente capítulo, opinar sobre los personajes, etc...

¡Empecemos!



PRÓLOGO
Era una noche fría de diciembre, una mujer estaba en su casa, rodeada por sábanas empapadas de sangre a causa de la dirección que estaba tomando el parto, y por una comadrona. La mujer estaba empezando a tener dificultades para respirar y la comadrona hacía de todo por sacar al mundo a la criatura que aún quedaba dentro del útero de la mujer. Tras media hora más, consiguió traer al mundo una criatura con una mata de pelo negro junto con unos ojos del mismo color, que contrastaban con los de su hermana, del cuerpo ya apenas sin vida de la mujer a causa de la pérdida de sangre.

La partera hizo todo lo que pudo para ayudar a la mujer a conservar la vida. Y lo consiguió. La mujer pudo ver crecer a sus gemelas, una pelirroja y con unos ojos azules como el mar y alegres en todo momento,  mientras que la otra tenía el pelo color azabache y unos ojos negros como el carbón.
Las chicas siempre estuvieron muy unidas a sus otros tres hermanos mayores, Thomas, Francesc y Lucas. Pero siempre estuvieron mucho más unidas entre ellas de lo que nunca podrían estarlo con el resto de la familia.

Las llamaron Soledad y Aledis.




CAPÍTULO 1
-¡Aledis, despierta! Son casi las diez y tenemos que hacer las tareas, ¡no creas que te vas a librar tan fácilmente!- Soledad, la hermana mayor por treinta minutos, agitaba a su gemela para que despertara y así pudieran hacer juntas sus quehaceres de la granja.

Soledad había sido siempre una chica muy alegre y soñadora a la que todos los zagales admiraban por sus ojos color mar, siempre sonrientes, y su larga cabellera pelirroja. La encantaba pasar el tiempo con los animales de la granja y era muy cuidadosa con todo lo que hacía.

Aledis, por otra parte, era una chica más bien solitaria que solo compartía las cosas con su mejor amiga, confidente y hermana gemela. Tenía un pelo oscuro que la llegaba a la cintura y unos ojos negros como el carbón en los que apenas se diferenciaba la pupila del iris. Todo el pueblo la temía e iban diciendo que era una bruja, lo que hacía que no tuviera muchos amigos más que su hermana.

-¡Aledis!-

-Ya voy, ya voy. Impaciente…- dijo mientras se incorporaba en la cama- A parte, madre dijo que hoy podíamos tomarnos un descanso, ¿para qué tanta prisa?-.

Sol tiró de ella para sacarla de la cama y la obligó a vestirse rápido diciendo que tenía una sorpresa para ella.

-Sol, deja a tu hermana. -Su padre, Rufo. Un hombre de constitución fuerte por el trabajo en la granja; con pelo negro perlado con canas en algunas partes y unos ojos verdes esmeralda que enamoran a cualquier mujer.-  Tenéis día libre.-

-Ves, no sé para qué tanta prisa.- Aledis se quejó, otra vez.

-Anda padre, es solo para enseñarla una cosa en el pueblo, no tardaremos mucho- Sol miró a su padre, por si acaso no las dejaba ir, cosa que no ocurrió.- Aledis, ¿cuánto se tarda en poner unas medias? Venga vamos, se va a hacer tarde.-

Las gemelas salieron de la habitación, que ambas compartían, y saludaron a la familia cuando pasaron por el salón para después salir de la casa a toda prisa.
El pueblo estaba a un kilómetro de su casa, bastante cerca comparado con otras casas, que estaban a unos veinte. El pueblo también era muy pequeño, por lo cual los rumores volaban como pólvora; éste también tenía una pequeña plaza con flores, que fue por donde entraron las gemelas, y se encontraron con un grupo, bastante nutrido, de personas que intentaban conseguir información sobre lo que se encontraba en el centro.

-Esta mañana cuando vine,- susurró Sol al oído de Aledis- me crucé con esos dos amigos. Decían que venían desde muy lejos y, ¿adivina qué?-. Las gemelas se miraron- Están pidiendo asilo, y si no recuerdo mal, nosotras tenemos una habitación libre.-

-Olvídalo, Sol, no pienses en lo que estás pensando, es una locura.- Aledis se iba a alejar del pueblo para volver a casa.

-¿Pero y si sí que son ellos? Aledis, no lo sabemos, no te puedes dar por vencida tan pronto.- Sol la rogaba con casi lágrimas en los ojos.

-Escucha, lo que dijo ese hombre, no va a pasar, ¿lo entiendes? Gracias a ese hombre, no se me acerca nadie fuera de mi familia porque me temen o simplemente, les doy asco.- Aledis se irguió, orgullosa, aun sabiendo que había herido a Soledad.- Me voy. Ya sabes que no creo en leyendas.-
Aledis se fue y Sol intentó entrar en el círculo donde se encontraban los dos chicos para sacarlos de las garras de esa gente muerta de aburrimiento que solo querían cambiar el tema de sus cotilleos e historietas.

-Vosotros- Sol empujó y empujó hasta llegar al lado de los chicos- seguirme- los cogió de un brazo a cada uno y los arrastró hasta un callejón escondido donde no los encontrarían.- ¿Cómo os llamáis y a qué habéis venido?-

Eran dos chicos más o menos de su edad uno rubio y otro moreno, pero los dos con los ojos verdes. Tenían casi las mismas facciones, excepto porque uno de ellos, el rubio, tenía los pómulos más marcados.

-Yo soy Ducain- dice el moreno- y él es Tielo. Y a ti no te importa lo que hagamos aquí.
-Bueno, amigo, tampoco te pongas así- dice Tielo mientras pone una mano en el pecho de su compañero.- Hemos venido por unas chicas aquí que necesitamos llevar con nosotros. Son hermanas- me sonríe- ¿Y tú quién eres, preciosidad?-

-Bueno, pero qué galán estas hecho- le doy un suave golpe en el pecho- soy Soledad, vivo a las afueras del pueblo. Si queréis descansar en mi casa podéis, hay una habitación libre.-

-¿Soledad, dices?- Tielo me mira intrigado, como buscando algo- no te pareces en nada…-

-¿Perdón?-

-Idiota, la morena es su hermana- musita Ducain a Tielo- Porque tienes una hermana, ¿verdad?-

-Puede…- dice Sol con una sonrisa maliciosa- si nos damos prisa puede que la alcancemos antes de que llegue a mi casa, si intenta mataros no es mi culpa, ¿vale?-

-¿Por qué iba a matarnos?- Tielo me mira raro-

-No la gusta conocer gente nueva.- Soledad se da media vuelta y empieza a caminar- Vamos.-
[-]
-¡Aledis!- Sol va corriendo hacia su hermana seguida por los chicos, que comentan algo entre ellos.- Mira, estos son los chicos de los que te hablé antes se llaman…-

-¡Eres idiota! ¿Qué te pasa Soledad? ¿Qué te pasa? ¿Tienes algún problema o algo?-  Aledis se enfada y empieza a arremeter contra su hermana- ¡Te dije que no! ¡Te dije que no! ¿Por qué no te estas quieta por una vez en tu vida y respetas lo que te digo?- ese “digo” lo dice alto de verdad y todos se tapan los oídos para evitar el daño.

-Aledis, no he hecho nada, que te pasa…- Sol se acerca a su hermana, a la que le han empezado a caer lágrimas, que se limpia furiosamente, por las mejillas.- Son Ducain y Tielo.-

-¿Dónde están vuestros padres?- Tielo se acerca a las chicas mientras que Ducain permanece atrás, sosteniendo la mirada de Aledis.- Tenemos que hablar con ellos. Ducain, vamos.

Pero Ducain no se movió. Estaba como hechizado con Aledis, los dos se miraban a los ojos sin pestañear; Alesia se giró hacia Ducain y ladeó la cabeza. Lo observó atentamente y luego gritó al ver como una flecha la atravesaba el pecho, se tiró al suelo tapándose la boca con una mano.

-Aledis, ¿qué pasa? ¿Qué tienes?- Sol cogió a su hermana y la abrazó, preocupada, mientras la miraba a los ojos.

Ducain dio un paso adelante, pero Tielo lo detuvo con un gesto de la mano, idicándole que no se acercara demasiado porque no sabían qué había visto Aledis.

-Hay que llevarla dentro, vamos. Soledad adelántate y avisa a tus padres, yo cogeré a Aledis y la llevaré.- se giró hacia Ducain-. Tú no te acerques mucho.-


Soledad así obedeció y fue corriendo hasta su casa para avisar a sus padres, momentos después entró Tielo, con Aledis en brazos, y seguido de Ducain. Los padres de la chica se abalanzaron para ver cómo se encontraba su hija, la tercera más pequeña a pesar de tener casi dieciséis años, y comentaron que este tiempo atrás estuvo encontrándose mal, con muchos dolores de cabeza. Los chicos explicaron a la pareja a qué habían venido y por qué; los padres aceptaron a que las chicas se fueran de inmediato con tal de poner a Aledis a salvo. Soledad preparó su bolsa de viaje con lo que necesitaría mientras que sus padres preparaban la de Aledis y Tielo revisaba a ésta. Ducain observaba la escena apartado y sin decir nada en ningún momento, pensando en lo que había podido ocurrir con Aledis y si, tal vez, ya había comenzado todo.

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